Silvia
Abascal
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Mini-entrevista
por Carlos Benito para El Correo

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Al festival se le está poniendo muy buena cara, y la culpa la tiene un avión. Quienes tomaron el vuelo Madrid-Bilbao allá en la tarde del viernes debieron de creerse abducidos hasta un mundo ideal, donde el habitual pasaje ­o paisaje­ gris estaba salpicado de rostros perfectos. Aitana Sánchez-Gijón, Penélope Cruz, María Adánez y Silvia Abascal se acercaron a San Sebastián en el mismo aparato, con lo que el reparto de asientos debía de quedar de la siguiente manera: ejecutivo, actriz, ejecutivo, actriz, ejecutivo, actriz... Agudeza visual: ¿a cuál de los dos gremios pertenecían los excelsos caretos en cuestión?

Bien, bien, exacto: la cosa va de actrices. Quiso la casualidad, por aquello de darse un gusto, que coincidiesen en las alturas cuatro ganadoras del Premio Max Factor al Rostro Más Bonito del Cine Español, que es una cosa muy mayúscula y muy cosmética que se entrega todos los años en el transcurso del festival. Faltaban Emma Suárez y Maribel Verdú, pero es que tampoco se trataba de que al sobrecargo le diese un síncope.

María Adánez venía en calidad de rostro del año pasado, para entregar el trofeo al rostro del año presente, que es Silvia Abascal. Qué contentos estarán Pepa y Pepe al ver lo lejos que han llegado sus hijas. Silvia, recordemos, es la chica de El comisario y La fuente amarilla, 20 años y muchas ilusiones, maquillada para la ocasión pero más mona sin maquillar. Paréntesis y pequeña entrevista:
-¿Y tú te ves tan guapa?
-No, no especialmente, pero me valoro. Si no me quiero yo, no creo que me quiera nadie. No se trata de ojos grandes ni de labios carnosos, sino de saber mirar y sonreír.
-¿Te cuidas mucho?
-Un poco en la alimentación, y también hago baile y ejercicio
-¿Crees que te ven más guapa por ser famosa?
-Ay, qué cosa más triste. ¡Si los famosos son gente normal de la calle! Los hay guapos, feos, de todo.

Fin del paréntesis. La fiesta de entrega estuvo bien, llevaba mucha guarnición: cenilla portátil ­incluso paella, que no es lo que se espera en estos actos­, canapés sabrosos ­caramba, qué queso más potente... ¿a ver si al resto de la gente no le gustó el menú­ y alguna que otra invitación a copa, en función del estatus del aspirante. Porque en estas cosas se juntan raleas diversas: alrededor de los rostros más hermosos del cine español suelen estar también los más feos, además de muchas caras duras y alguna que otra careta. Siempre hay, por ejemplo, aspirantes a superstar, que parecen creer que sus facciones tienen más posibilidades de ser apreciadas por los cazatalentos si las sepultan bajo una capa asfáltica. Y hay también críticos, o sea, señores gafosos que llevan barba rala y visten de oscuro. Algunos también ven películas.

Claro que, para mala cara, la que eligieron los promocioneros de la producción alemana Nada más que la verdad para las invitaciones a su fiesta, que coincidía con la organizada por el señor Factor. Ya, ya, la peli es cosa seria, pero ¿alguien puede prometerse mucho jolgorio si en el ticket aparece el perfil ominoso de un tal Josef Mengele?